viernes, 17 de octubre de 2014

HALLOWEEN EL ORIGEN

   Halloween tiene su origen en una festividad céltica conocida como Samhain, que deriva del irlandés antiguo y significa fin del verano. Los antiguos britanos tenían una festividad similar conocida como Calan Gaeaf.
   En el Samhain se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el «Año nuevo celta», que comenzaba con la estación oscura.
   Cuando tuvo lugar la ocupación romana de los dominios celtas la festividad fue asimilada por estos. Aunque ya se celebraban los últimos días de octubre y primeros de noviembre una festividad conocida como la «fiesta de la cosecha», en honor a Pomona (diosa de los árboles frutales), se mezclaron ambas tradiciones. 
   Las manzanas eran muy populares y pronto formaron parte de la celebración.
  En una época en la que predominaban las festividades «paganas», los papas Gregorio III (731–741) y Gregorio IV (827–844) intentaron suplantarla por una festividad católica (Día de Todos los Santos) que fue trasladada del 13 de mayo al 1 de noviembre.
   En 1840 esta festividad llega a Estados Unidos y Canadá, donde queda fuertemente arraigada. Los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de la tradición durante la Gran hambruna irlandesa. Fueron ellos quienes difundieron la costumbre de tallar los jack-o'-lantern (calabaza gigante hueca con una vela dentro) [cita requerida], inspirada en la leyenda de «Jack el Tacaño».
 Sin embargo, la fiesta no comenzó a celebrarse masivamente hasta 1921. Ese año se celebró el primer desfile de Halloween en Minnesota y luego le siguieron otros estados. La fiesta adquirió una progresiva popularidad en las siguientes décadas.
   La internacionalización de Halloween se produjo a finales de los años 70 y principios de los 80 gracias al cine y a las series de televisión. En 1978, se estrenaba en Estados Unidos y en el mundo entero Halloween, de John Carpenter; una película ambientada en la víspera de Todos los Santos que supuso una referencia para el cine de terror de serie B; con innumerables secuelas e imitaciones.
 Hoy en día, Halloween es una de las fechas más importantes del calendario festivo estadounidense y canadiense. Algunos países latinoamericanos, conociendo aún esta festividad, tienen sus propias tradiciones y celebraciones ese mismo día, aunque coinciden en cuanto a su significado: la unión o extrema cercanía del mundo de los vivos y el reino de los muertos.
  En Europa son muchas las ciudades en las que los jóvenes han decidido importar el modo con el que Estados Unidos concibe Halloween celebrándolo con fiestas y disfraces. Aunque en algunos lugares, como Inglaterra, la fiesta original ha arraigado de nuevo.
  El hecho de que esta fiesta haya llegado hasta nuestros días es, en cierta medida, gracias al enorme despliegue comercial y la publicidad engendrada en el cine estadounidense. La imagen de niños norteamericanos correteando por las oscuras calles disfrazados de duendes, fantasmas y demonios, pidiendo dulces y golosinas a los habitantes de un oscuro y tranquilo barrio, ha quedado grabada en la mente de muchas personas.
  En esa noche los espíritus visitaban las casas de sus familiares, y para que los espíritus no les perturbasen los aldeanos debían poner una vela en la ventana de su casa por cada difunto que hubiese en la familia. Si había una vela en recuerdo de cada difunto los espíritus no molestaban a sus familiares, si no era así los espíritus les perturbaban por la noche y les hacían caer entre terribles pesadillas.
  Originalmente el truco o trato (en inglés «Trick-or-treat») era una leyenda popular de origen céltico según la cual no solo los espíritus de los difuntos eran libres de vagar por la Tierra la noche de Halloween, sino toda clase de entes procedentes de todos los reinos espirituales. Entre ellos había uno terriblemente malévolo que deambulaba por pueblos y aldeas, yendo de casa en casa pidiendo precisamente «truco o trato». 
  La leyenda asegura que lo mejor era hacer trato, sin importar el costo que éste tuviera, pues de no pactar con este espíritu (que recibiría el nombre de jack-o'-lantern, con el que se conocen a las tradicionales calabazas de Halloween) él usaría sus poderes para hacer «truco», que consistiría en maldecir la casa y a sus habitantes, dándoles toda clase de infortunios y maldiciones como enfermar a la familia, matar al ganado con pestes o hasta quemar la propia vivienda. 
   Como protección surgió la idea de crear en las calabazas formas horrendas, para así evitar encontrarse con dicho espectro (y con el tiempo, debido a la asociación mental entre el espíritu y las calabazas, el nombre de este sería dado a ellas, que es como son conocidas hoy día cuando llega esta fiesta).


Datos de Wikipedia.org


viernes, 10 de octubre de 2014

.Malala Yousafzai, la paquistaní que luchó por la educación femenina, ganó el Nobel de la Paz


    Se convirtió en un ícono hace dos años, cuando sobrevivió a un ataque de los talibanes en su Pakistán natal. Se salvó y se refugió en Gran Bretaña, pero su historia recorrió el mundo. 


    Tras ser una de las favoritas en 2013, obtuvo este reconocimiento junto al activista indio Kailash Satyarthi por su lucha por los derechos de los niños.
         Malala Yusafzai, la adolescente pakistaní herida de un balazo en la cabeza por unos talibanes, se convirtió en la ganadora más joven del premio Nobel de la Paz. Tras ser una de las favoritas en 2013, obtuvo este reconocimiento junto al activista indio Kailash Satyarthi por su lucha por los derechos de los niños.
    A Dios gracias, no estoy muerta”, fue el primer pensamiento de la joven tras el atentado cuando despertó en una cama de hospital en Gran Bretaña. El motivo del ataque del Talibán era claro: ella se atrevió a levantar su voz para defender el derecho a la educación de las niñas.
     Desde ese 9 de octubre de 2012, la vida de Malala cambió drásticamente: habló ante las Naciones Unidas, recibió premios internacionales, fue recibida en la Casa Blanca por el presidente estadounidense, Barack Obama, y en Buckingham Palace por la reina Isabel II.
  Esta joven inteligente, sensata y madura sigue enfrentándose valientemente a los talibanes. "Volveré a Pakistán y me convertiré en política", dijo al canal de televisión BBC. En sus discursos, consigue hacer reflexionar incluso a los políticos, diplomáticos y empresarios más experimentados. "Nos damos cuenta de lo importante que es nuestra voz cuando nos hacen callar", escribió en su libro “I am Malala: the girl who stood up for education and was shot by the taliban” (“Soy Malala: la niña que se alzó por la educación y fue baleada por los talibanes”)
     En el libro -co-escrito con la periodista británica Christina Lamb- confiesa que no recuerda con precisión esa agresión que conmocionó a parte de la opinión pública. Lo único que recuerda es que iba sentada con sus amigas en un autobús que debía conducirlas a la escuela en el valle de Swat (noroeste), región montañosa que el ejército pakistaní recuperó a los talibanes en 2009. Sus amigas le contaron que un hombre enmascarado subió al autobús y preguntó quién era Malala, apuntó un arma contra ella y le disparó a la cabeza.
     Después de despertar en un hospital de Birmingham, en Gran Bretaña, se empezaron a agolpar las preguntas en su cabeza: “¿Dónde estoy? ¿Quién me ha traído? ¿Dónde están mis padres? ¿Sigue vivo mi padre? Estaba aterrada”, cuenta la joven. “Lo único que sabía es que Alá me había bendecido dándome una nueva vida”, añade.
   Un médico le pasó un alfabeto en que ella deletreó las palabras “país” y “padre”, que era el director de su escuela pakistaní, en Swat. “La enfermera que dijo que estaba en Birmingham, pero no tenía ni idea de dónde me encontraba (...) Las enfermeras no me decían nada, ni siquiera mi nombre. ¿Seguía siendo Malala?”, explica la muchacha, que recuerda haber sufrido mucho en el hospital a pesar de los analgésicos que le administraban.
    Sus padres pudieron reunirse con su hija 16 días después del atentado, y Malala pudo por fin dar rienda suelta al llanto. “Durante todo el tiempo que pasé en el hospital no lloré, ni siquiera cuando tenía todas esas agujas en el cuello o cuando me retiraron las grapas de la cabeza”, cuenta.

Una lucha que da frutos

   En Pakistán se convirtió en una heroína. "Es genial", afirma una de sus antiguas compañeras de clase. "Todas queremos ser como ella. Su valor y su confianza es una verdadera inspiración", asegura la joven, que sin embargo no quiere dar su nombre por miedo los talibanes.
    La familia de Malala espera que pueda volver pronto a casa. "Para nuestra familia es muy especial", explica su primo, Mahmood ul Hassan Yousafzai. "Lo más importante para nosotros es que haya sobrevivido tras el horrible ataque", asegura.
      La lucha de Malala parece dar frutos, al menos en el valle del Swat. Según cifras oficiales, este curso se matricularon 140.000 niñas en escuelas estatales, explicó Yamaluddin Khan, del diario "Dawn". Hace dos años la cifra era de sólo 99.777. " Malala, su campaña y el ataque que sufrió seguramente fueron factores para ello", agregó.
      Los talibanes destruyeron 119 escuelas de niñas durante la época en que controlaron el valle del Swat, entre 2007 y 2009. Desde entonces fueron reconstruidas más de la mitad, afirmó Khan.
   Pero Malala todavía tiene muchos enemigos en su país natal. "Pakistán no la valora tanto como el resto del mundo", asegura la antropóloga Samar Minallah. "Algunas personas están sembrando confusión respecto a sus motivaciones", explica.
 Algunos escépticos sugirieron que la joven está desarrollando un plan "anti-islam" diseñado por extranjeros. Maulana Samiul Haq, un influyente clérigo, asegura que Occidente se apropió de ella para "promover sus planes malvados". Por su parte, los talibanes dijeron que volverían a intentar matarla, al igual que asesinaron a su política preferida, la dos veces primera ministra paquistaní Benazir Bhutto. 

Pero ella está convencida: “Me salvé por una razón: para usar mi vida ayudando a la gente”.

Fuente: AFP / DPA.


domingo, 5 de octubre de 2014

Augusta Ada King, Condesa de Lovelace

     
Conocida habitualmente como Ada Lovelace, fue una matemática y escritora británica conocida principalmente por su trabajo sobre la máquina calculadora mecánica de uso general de
Charles Babbage, la Máquina analítica.
       Entre sus notas sobre la máquina se encuentra lo que se reconoce hoy como el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina. Como consecuencia, se la describe a menudo como la primera programadora de ordenadores.
           Dedujo y previó la capacidad de los ordenadores para ir más allá de los simples cálculos de números, mientras que otros, incluido el propio Babbage, se centraron únicamente en estas capacidades.
           Su padre fue el conocido poeta George Byron. Ella se refería a sí misma como una científica poetisa y como analista (y metafísica) Durante su edad adulta temprana, su talento matemático la condujo a una relación y amistad prolongadas con su colega matemático inglés Charles Babbage, y concretamente con la obra de Babbage sobre la máquina analítica. Entre 1842 y 1843, tradujo un artículo del ingeniero militar italiano Luigi Menabrea sobre la máquina, que complementó con un amplio conjunto de notas propias, denominadas simplemente Notas.
         Estas notas contienen lo que se considera como el primer programa de ordenador, esto es, un algoritmo codificado para que una máquina lo procese. Las notas de Lovelace son importantes en la historia de los orígenes de la computación. También desarrolló una visión sobre las capacidades de los ordenadores de ir más allá de unos simples cálculos numéricos mientras que otros, entre ellos el propio Babbage, se concentraron solamente en estas posibilidades.
           El 8 de julio de 1835 Ada se casó con William King,  barón de King, convirtiéndose a su vez en baronesa de King.
         Ada Lovelace es recordada principalmente por haber escrito una descripción de la antigua máquina analítica de Charles Babbage, y por haber desarrollado instrucciones para hacer cálculos en una versión inicial del computador.
         En sus notas, Ada Augusta dice que la «máquina analítica» sólo podía dar información disponible que ya era conocida: vio claramente que no podía originar conocimiento. Su trabajo fue olvidado por muchos años, atribuyéndole exclusivamente un papel de transcriptora de las notas de Babbage. Este mismo caracterizó su aporte al llamarla su intérprete, sin embargo recientes investigaciones muestran la originalidad de su punto de vista sobre las instrucciones necesarias para el funcionamiento de la «máquina analítica».
         Hoy en día se reconoce a Ada Byron como la primera persona en describir un lenguaje de programación de carácter general interpretando las ideas de Babbage, pero reconociéndosele la plena autoría y originalidad de sus aportes. Ada Byron es la madre de la programación informática.
          Ada Lovelace publicó en 1843 una serie de influyentes notas sobre el ordenador de Babbage, su «máquina analítica» que nunca llegó a construirse, no las firmó con sus iniciales por miedo a ser censurada por ser mujer. Ada Byron se llamó a sí misma una analista, un concepto realmente moderno para la época.
         En 1953, aproximadamente cien años después de su muerte, las notas de Ada sobre la máquina analítica de Babbage fueron publicadas bajo su nombre real, estando ahora reconocida dicha máquina como un modelo temprano de ordenador y las notas de Ada como una descripción de su software. Estas notas fueron etiquetadas alfabéticamente de la A a la G. En la nota G Ada describe un algoritmo para la máquina analítica para calcular los números de Bernoulli —en el que utilizaba dos bucles que demostraban la capacidad de bifurcación de la máquina de Babbage— y está considerado como el primer algoritmo específicamente diseñado para ser ejecutado por un ordenador, motivo por el que Ada es reconocida como la primera programadora de la historia, aunque su código nunca fue probado ya que la máquina nunca llegó a ser construida.
         Augusta Ada Lovelace falleció a los treinta y seis años el 27 de noviembre de 1852, debido a un cáncer uterino y probablemente por complicaciones derivadas de las sangríasrealizadas por sus médicos. La enfermedad duró varios meses, durante los cuales su madre, Anne Isabella Milbanke, la baronesa Byron, tomó el control respecto a sus citas médicas y personales. Por influencia de su madre, decidió dejar de ser materialista y adoptó ideas religiosas que la llevaron a arrepentirse de su vida anterior. Perdió contacto con su esposo después de que ella le hiciera una confesión, cuyos términos exactos se desconocen. Se cree que se pudo tratarse de una confesión de adulterio.
       Fue enterrada, a petición suya, al lado de su padre, en la Iglesia de Santa María Magdalena en Hucknall, Nottingham.
       Durante su vida sus aportes fueron poco apreciados, solo se le dieron la importancia merecida años después de su muerte, pero no fue hasta el siguiente siglo cuando se aprovecharon para los avances de la informática.
       Muchas han sido las mujeres que han realizado grandes aportes a la informática, aún así Ada Lovelace es la única mujer que cuenta con un lenguaje de programación que lleva su nombre: en 1979 el Departamento de Defensa de los Estados Unidos creó un lenguaje de programación basado en Pascal en honor de Ada Byron llamado lenguaje de programación Ada.
      Su rostro también ha aparecido como marca de autenticidad en los certificados de licencia del sistema operativo Microsoft Windows. En el año 2001 el autor alemán de ciencia-ficción Michael Flynn publicó una novela: En el país de los ciegos. 
     Es una ucronia donde se especula sobre las consecuencias de haberse construido la máquina analítica con el programa de Lovelace y su utilización por una sociedad secreta para gobernar en secreto hasta la actualidad. La novela ganó los premios Locus,Compton Crook y Prometheus.
       En 2010 comienza la filmación de una película sobre su vida, su título es Enchantress Of Numbers, o la encantadora de números.

Publicado en Wikipedia Inventores.

lunes, 26 de agosto de 2013

EMILY BRONTE


  Huérfana de madre a los tres años, fue criada por su padre, un pastor anglicano, de acuerdo con los principios del ascetismo más riguroso. Esa rígida formación y la circunstancia de vivir en un mundo que negaba a la mujer otro destino que el hogar, no le impidieron, sin embargo, escribir una de las novelas más apasionantes del siglo XIX: Cumbres borrascosas.

  Haworth, aldea de piedra levantada sobre la ladera de una desolada colina de York-shire(Inglaterra), es lugar áspero, azotado por el viento y coronado de páramos. Allí llegó, el 25 de febrero de 1820, el reverendo Patrick Bruntyo Bronte, acompañado por su frágil mujer, Mary Branwell, y sus seis hijos: Mary, Elizabeth, Charlotte, Patrick Branwell, Emily y Anne.
  El 15 de septiembre de 1821 muere la madre. Emily, nacida el 30 de julio de 1818, tiene apenas tres años. La hermana mayor de María Branwell, severa y resignada, se ofrece para ayudar al reverendo Bronte en la tarea de inculcar a esos niños el riguroso cumplimiento del deber, el orden, el horror por las complacencias y las debilidades de la carne, la extrema sencillez y el rechazo de toda efusión. No hay juguetes, ornatos ni golosinas.
  El clan de los Bronte es un mundo aparte. Han aprendido a hablar en voz baja, a reunirse junto al fuego para contarse historias que ellos mismos inventan. Por las tardes vagan, tomados de la mano. A Emily es a quien más atrae ese paisaje áspero e implacable: es la más enérgica, la más reservada, la más firme y segura.
  En 1824 Mary y Elizabeth, las mayores, son enviadas al internado que el reverendo Carus Wilson ha abierto en la aldea de Cowans Bridge. Poco después Charlotte y Emily van a acompartir con sus hermanas el encierro y la frialdad de ese inhóspito colegio en el que los rigores y las amenazas del sermón es lo único que abunda. La mala alimentación y las mortificaciones se llevan primero a Mary, que muere en la primavera de 1825. Un mes después la sigue Elizabeth. Al cabo de unos meses el pastor Bronte decide retirar a las sobrevivientes. Retaceará sus meditaciones y sus laboriosos y frustrados poemas para inculcarles instrucción, secundado por su cuñada.
  En los momentos de descanso, bajo la mirada larga y el oído corto de Tabby, la fiel criada, rezongona, perspicaz y supersticiosa, los cuatro niños se entregan a juegos en los que la erudición sirve de corcel a la fantasía. Tienen un periódico manuscrito, fundan escuelas en territorios inventados y cada uno posee su propia isla donde reina el héroe predilecto. Emily elige el territorio de Aran y coloca en él a Walter Scott.
  En 1831 Charlotte, menuda, feúcha y apacible, parte para Roe Head, dispuesta a hacerse institutriz. Cuando vuelve, tres años después, Emily es ya una muchacha hermosa, alta y silenciosa, de mirada apasionada, que solo parece respirar con libertad bajo los vientos de ese páramo.
  Charlotte es ahora la instructora de sus hermanas. A un costado Patrick Branwell -"Branwell" para todos- escribe y pinta. Brillante, talentoso, ya ameniza con su gracia y oratoria las reuniones de la aldea y fascina a los parroquianos de la taberna lugareña.
  En 1835, cuando Charlotte regresa como maestra a Roe Head, Emily va con ella en calidad de alumna, pero, lejos de su ambiente habitual, su fuerza la abandona: está pálida, decaída, vulnerable a cualquier enfermedad. Se decide un canje: Anne, la más pequeña, ocupará su lugar en Roe Head. Por dos veces más Emily probará el desarraigo, con los mismos lamentables resultados que imponen el retorno como única y milagrosa medicina.
  Cada Navidad sé reúne toda la familia. Es uno de los pocos acontecimientos que cambian la rutina de ese hogar, donde una visita o una excursión resultan absolutamente extraordinarios. Emily no tiene amigas ni amigos, ni la más incipiente vida social. Tampoco amores. Sus poemas apasionados —desconocidos para su familia- se dirigen a alguien a quien tal vez no encontrará nunca.
  En 1845 se conocen abiertamente algunas causas de su conducta: ha pretendido seducir a la señora Robinson, madre de sus alumnos y veinte años mayor que él, y el marido lo ha despedido. El alcohol y el opio no son ya refugios para su remordimiento secreto, sino estímulos para sus alardes en las francachelas de la vieja taberna. Cuando risotadas y canciones obscenas anuncian su regreso casi a la madrugada, tropezando entre las piedras del jardín, Emily se adelanta hasta el umbral en plena noche y con la lámpara en alto le ilumina el camino. Era la única que podía calmarlo cuando, enfurecido, amenazaba destrozar la casa.
  Ese mismo año un cuaderno olvidado pone al descubierto el secreto de Emily: sus poemas. Las tres hermanas se confiesan mutuamente que escriben versos. Cada una encuentra admirables los de las otras dos y deciden publicarlos en un mismo volumen: Poemas, por Currer, Ellis y Acton Bell (las iniciales de los seudónimos corresponden a las de sus verdaderos nombres). En realidad, los únicos valiosos son los de Emily, y la crítica no tarda en advertirlo. A pesar de ello, solo se vendieron dos ejemplares.
  Las hermanas no se desaniman e intentan otro género: la novela. Emily, que se ha asomado a las turbias aguas de las historias ajenas y leído las sombras en la mirada de su hermano, combina esos elementos con "un amor más fuerte que la muerte" y surge una novela violenta y trágica, Cumbres borrascosas, escrita con tinta roja sobre papeles negros. Publicada en diciembre de 1847, fue acogida como una pintura exagerada de depravaciones y espíritus extraviados, exaltados escandalosamente por "Ellis Bell, el hombre de gran talento, pero amargo, brutal y huraño". La posteridad, sin embargo, ha dado otro juicio y considera que Cumbres borrascosas es uno de los monumentos más notables producidos por el genio femenino en el siglo XIX.
  Nada esperaba de ella Emily, y poco o nada esperaba ya del "mundo. Para 1848 el reverendo Bronte está casi ciego; Branwell, por su parte, vive cada vez más embotado por efecto del opio y el alcohol, y muere finalmente el 24 de septiembre en una crisis de delirium tremens. La mano de Emily, que lo ha conducido con paciencia y firmeza y se ha esforzado por sostenerlo durante su agonía, escribe entonces: "Que sobre tu memoria extienda su ternura la compasión; que descanse liviana la tierra sobre tu pecho". Pero aunque mantuviera una apariencia de entereza, por dentro todo su ser se va desmoronando. La tos la desgarra pero rechaza las medicinas. Una mañana apenas logra bajar la escalera para alimentar a Keeper.
  El 19 de diciembre de 1848, su desgarradora imploración es esta: 
"¡Oh, dejadme morir!, que al fin la voluntad y el destino cesen su lucha cruel, y que el bien conquistado y el mal vencedor se disuelvan en un reposo único."

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres - Las Reinas - Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia
Todo publicado en www.portalplanetasedna.com.ar

 

miércoles, 7 de agosto de 2013

REMEDIOS DE ESCALADA DE SAN MARTIN

    A los quince años, edad en que otras jovencitas juegan todavía con sus muñecas, era ya la esposa del guerrero que libertaría a la Argentina, Chile y el Perú. Sin embargo, Remedios de Escalada supo compartir la ardua y sacrificada vida del general José de San Martín en una época de guerras y turbulencias políticas y sociales decisiva para la historia de América.
   A fines del siglo XVIII la ciudad de Buenos Aires ofrecía, a quien la contemplara desde el Fuerte (emplazado en lo que es actualmente la céntrica Casa Rosada, sede del gobierno argentino), un panorama no muy atrayente. Con escasos cuarenta mil habitantes, la capital del Virreinato del Río de la Plata no pasaba de ser una vasta aldea de viviendas chatas de adobe, con las paredes blanqueadas a fuerza de cal.
   La monotonía del paisaje urbano solo era quebrada por los campanarios de unas cuantas iglesias (San Francisco, Santo Domingo, San Ignacio, La Merced, la Catedral) y la arrogancia de un puñado de casonas de dos plantas. Entre estas, casi todas asomadas a la Plaza Mayor, se destacaba la que don Antonio José de Escalada, próspero comerciante, había hecho edificar en el solar sudeste del cruce de las calles hoy denominadas Defensa e Hipólito Yrigoyen.
  Allí vivía el señor de Escalada con su segunda esposa, doña Tomasa de la Quintana, y los dos hijos, Manuel y Mariano, nacidos en 1795 y 1796, respectivamente. En esa casa nació el 20 de noviembre de 1797, el último de sus hijos: una niña que recibió el complicado nombre de María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciana.
  Remedios de Escalada (así la recuerda la historia), fue educada tal como lo exigían las convenciones de la época. Aprendió más labores que ciencias, más a manejar la aguja en costuras y bordados que a escribir según la gramática, más a administrar una casa y llevarla adelante que a desentrañar problemas aritméticos.
 Aprendió, también, a conducirse en sociedad, a seguir al compañero en danzas de moda como las polcas, los lanceros y la colombiana, a saber callar y sonreír a tiempo. Y aprendió, sobre todo y ante todo, a respetar a Dios y a ceñirse, en pensamiento y obras, a la doctrina católica. Así, en 1812, cumplidos ya los catorce años, estuvo en condiciones de aspirar a la meta vital que podía pretender una mujer de su época y condición: un matrimonio feliz que le permitiera convertirse en esposa y madre ejemplares.
  Para entonces ya no había virrey en Buenos Aires. En mayo de 1810, tras destituir al representante del monarca español, el pueblo del Río de la Plata había optado por darse un gobierno propio. Este cambio significaba el comienzo de una revolución cuyo empleo no tardaría en contagiarse a todos los rincones de la América del Sur.
EL ENCUENTRO
   En su edición del 13 de marzo de 1812, La Gaceta (periódico fundado por Mariano Moreno) daba cuenta de que días antes había arribado a Buenos Aires la fragata inglesa George Canning y que en esa nave había regresado al país, con un grupo de oficiales nativos, el teniente coronel de caballería don José de San Martín.
  Tres días después de haber desembarcado, José de San Martín puso su espada a disposición de las autoridades locales, que, como respuesta, le confiaron la organización de un regimiento de granaderos.
  Por ese tiempo se le abrieron las puertas de la casa de don Antonio José de Escalada, fervoroso partidario de la independencia americana, y tuvo así oportunidad de conocer y tratar de cerca a Remedios. Menuda, frágil, de aspecto enfermizo pero dotada de singular encanto, la jovencita no tardó en conquistar el corazón del soldado. El noviazgo fue muy breve, y el 12 de setiembre de 1812 se celebró la boda. Ella no había cumplido aún los quince años; el frisaba ya en los treinta y cinco. La quinta de José Deniaría, situada en las barrancas de San Isidro, sobre el Río de la Plata, fue el escenario de la luna de miel.
  Después de un lapso de aislamiento fue necesario retornar a la vida de todos los días. San Martín tenía que retomar sus obligaciones de militar. Su flamante esposa debía dedicarse a la atención de su nuevo hogar. No es improbable que Remedios haya sentido por entonces sus primeras angustias como mujer de soldado, al enterarse de que en San Lorenzo, combate felizmente concluido con la derrota de las fuerzas realistas, su marido había estado a punto de perder la vida.
EL CAMINO
  En 1814 Remedio soportó una dura prueba. En el mes de abril San Martín, que desde enero de ese año se hallaba en Salta donde había asumido el mando del Ejército del Norte, se vio obligado, al advertir los primeros síntomas de la dolencia gástrica que en adelante habría de aquejarlo casi sin tregua, a trasladarse a Córdoba y pasar una temporada de descanso en una finca campestre.
 El reencuentro de los esposos se demoró hasta el 7 de setiembre, fecha en que Remedios llegó a Mendoza, capital de la región precordillerana de Cuyo de la que su marido había sido designado gobernador-intendente. Con su don de gentes y su capacidad para organizar reuniones que evocaban las que solían celebrarse en su casa paterna, Remedios no tardó en granjearse el afecto de los mendocinos. Y cuando San Martín recabó el aporte popular para poder afrontar la adquisición de pertrechos para su ejército, fue ella, con su ejemplo, quien decidió a las damas de la sociedad local a donar sus joyas.
  Allí, en la hospitalaria Mendoza, al pie de los Andes, Remedios fue madre por primera y única vez: el 29 de agosto de 1816 dio a luz una niña que se llamó Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada.
 Un mes antes, en Tucumán, se había declarado la independencia argentina. Hacia fines de ese año, en una fiesta de Navidad, San Martín manifestó su deseo de que el ejército con que se aprestaba a cruzar los Andes tuviera una bandera. Espontáneamente cuatro jovencitas se ofrecieron a confeccionarla; al grupo se sumó en seguida Remedios, que se encargó de bordar el sol y los laureles que rodean el escudo. En la madrugada del domingo 5 de enero de 1817 quedó terminada la bandera, que horas después fue bendecida por el reverendo padreGuiraldes y jurada por las huestes que atravesarían la Cordillera para expulsar de Chile a los españoles.
   La única carta de puño y letra de Remedios que ha llegado hasta la posteridad, y que se conserva en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires, alude al episodio: "Mendoza, 4 de enero de 1817. Srta. Laureanita Ferrari. Mi muy querida amiga: te ruego mañana vengas tan temprano^ como posible te sea; almorzaremos juntas y luego iremos a presenciar la jura de la bandera, primor salido de tus manos y de las de nuestras buenas amigas Merceditas Álvarez y Margarita Corvalán. La señora de Husi se quedará esta noche en casa. Almorzaremos a las once. Recibe el respetuoso saludo para tus padres, y para ti el cariñoso abrazo de tu amiga íntima. Remedios Escalada de San Martín."
  La partida del Ejército Libertador estaba fijada para el 24 de enero; unos días antes Remedios y su hija regresaron a Buenos Aires. Allí les llegó, exactamente un mes después, la noticia del triunfo de Chacabuco. Y en febrero tuvieron junto a ellas, por unos días, al vencedor de los Andes.
LOS ADIOSES
La nueva separación se prolongó hasta después de Maipú, batalla liberada el 5 de abril de 1818, que aseguró definitivamente la independencia de Chile. En Buenos Aires, el 5 de mayo, Remedios olvidó momentáneamente las preocupaciones que le causaba su decaída salud: ese día, en la casona paterna asomada a la Plaza Mayor, San Martín, Merceditas y ella volvieron a disfrutar plenamente de la vida en familia. La dicha de estar juntos se prolongó durante casi un año, gran parte del cual lo pasaron en Mendoza.
  A principios de 1819, cuando San Martín inicia la campaña del Perú, Remedios emprendió con Merceditas el que habría de ser su último viaje a Buenos Aires. Para entonces, la tuberculosis había minado totalmente su organismo, y fiebres altas y constantes accesos de tos la obligaban a permanecer en cama jornadas enteras. Los médicos, sin dar ni negar esperanzas, agregaron a las pócimas y los sellos una ambigua sugerencia: "Quizás un lugar de aire más puro..., en una quinta de los alrededores...
  Remedios acató esa prescripción e hizo arrendar una finca en los suburbios. Allí recibió la noticia de la muerte de su padre, ocurrida el 16 de noviembre de 1821, y se enteró de que San Martín, luego de libertar el Perú, había decidido retirarse definitivamente de la escena política para evitar un conflicto entre los pueblos hermanos de América.
  En la misma finca dejó de existir el 3 de agosto de 1823, sin que se cumpliera su último deseo: volver a ver al esposo y guerrero ausente. Al regreso, este hizo grabar en la lápida bajo la cual reposaban sus restos la sobria inscripción: "Aquí yace Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín."

Publicado en Portalplanetasedna.com.ar

Amigos esta mujer fue la esposa del Gral. San Martin, considerado por  nosotros los Argentinos como EL PADRE DE LA PATRIA, Libertador de América. Lo publique como el 17 de agosto se conmemora la muerte del Gral. quise expresar mi admiración en este blog hacia esa mujer-niña que lo acompaño.





martes, 30 de julio de 2013

MARIE BONAPARTE


La sobrina nieta del emperador Napoleón, rica heredera y casada con el príncipe Jorge de Grecia, Marie Bonaparte (1882-1962) fue una figura clave en la difusión del psicoanálisis. Conoció a Freud en 1925, cuando ya había recorrido una vida venturosa en muchos sentidos.
 “En la época en que Marie Bonaparte obtuvo su consulta con Freud, no existía aún ninguna sociedad psicoanalítica en París”, nos recuerda Celia Bertin en su pormenorizada biografía de esta discípula del maestro del psicoanálisis, que se destacaría ella misma por sus aportes en la exploración de la sexualidad femenina. “Francia era una fortaleza difícilmente accesible; hasta entonces los esfuerzos de penetración habían resultado vanos. Freud achacaba tal fracaso a la ‘perpetua alusión al genio latino, que [debía] clarificar el psicoanálisis’. Existían motivos menos honrosos: no escaseaba la xenofobia, como tampoco el antisemitismo.
 El medio psiquiátrico -el medio médico en general- era conservador. Por ello mostraba una gran reserva hacia esa nueva ‘ciencia’ extranjera, y judía para más inri”.
 El dinero e influencia de Marie Bonaparte no sólo servirían para introducir el psicoanálisis en Francia, sino también para ayudar a Freud y a muchos intelectuales judíos a huir del nazismo.
  Como señala Élisabeth Roudinesco en el prólogo, “si Lou Andreas-Salomé fue para Freud la encarnación de la inteligencia, la belleza y la libertad -algo así como la Mujer, a la par sublime y carnal-, Marie Bonaparte fue más bien la hija, la alumna, la discípula, la admiradora, la rendida embajadora”.
  Bertin cuenta la vida de esta aguerrida mujer que se transformaría ella misma en psicoanalista, con bien documentada información y fluido estilo, con no pocas anécdotas de este tenor: “Otro día Freud dice a Marie: ‘No cabe duda de que el psicoanálisis no puede modificar el carácter. Usted, por ejemplo, conservará siempre el conflicto fundamental de su vida. Lo masculino y lo femenino juntos en su persona. Pero el psicoanálisis puede dejar a un lado las apariciones enfermizas de ese conflicto y liberar las fuerzas psíquicas actuando útilmente. Ello ilumina, enseña a dominar’. Le parece ‘bisexuada’. Lo cual le permite comprender a los hombres, al portar ella misma un hombre en su interior, asegura. 
  Freud emite otros juicios que le agrada oír: ‘Lou Andrea-Salomé es un espejo, no posee ni su virilidad, ni su sinceridad, ni su estilo’ ”. Publicó Tusquets.

Publicado en El Litoral.com

jueves, 11 de julio de 2013

ISABEL ALLENDE


  Isabel Allende, chilena, nació en Lima en 1942 mientras su padre cumplía funciones diplomáticas en ese país. De niña quiso ser bailarina. Desde los diecisiete años ha trabajado infatigablemente, primero como periodista en la revista Paula y en programas de televisión en Santiago de Chile.
  Ejerció también el periodismo en Venezuela, ya en el exilio, y más tarde se dedica por entero a la literatura. La escritora afirma que su futuro como tal se decidió en 1973, con el golpe militar en el que su tío el presidente Salvador Allende fue derrocado.
  Dos años después del mismo es declarada sospechosa para la dictadura y tiene que se exiliarse con su marido y sus hijos en Caracas, donde comenzó a escribir La casa de los espíritus, una larga carta a su abuelo que se publicó en 1982 en España convirtiéndola en uno de los nombres clave de la actual narrativa latinoamericana.
  Acogida con excepcional entusiasmo por la crítica y público, desde entonces su obra, traducida a numerosos idiomas, ha estado marcada por el éxito. En 1994 publicó Paula, en la que habla de la muerte de su hija Paula Frías (en Barcelona, diciembre de 1991) una larga enfermedad.
  Actualmente, Isabel Allende vive en California con su segundo marido, el abogado estadounidense William Gordon.

Algunas de sus obras:
  • La casa de los espíritus. Barcelona: Plaza y Janés, 1982. Novela.
  • La gorda de porcelana. Madrid: Alfaguara, 1984. Cuentos.
  • De amor y de sombra. Barcelona: Plaza y Janés, 1984. Novela.
  • Eva Luna. Barcelona: Plaza y Janés, 1988. Novela.
  • Cuentos de Eva Luna. Barcelona: Plaza y Janés, 1989. Cuentos.
  • El plan infinito. Barcelona:  Plaza y Janés, 1992. Novela.
  • Paula. Barcelona:  Plaza y Janés, 1994. Novela.
  • Afrodita:Cuentos, recetas y otros afrodisíacos. Barcelona: Plaza y Janés, 1997.Cuentos.
  • Hija de la fortuna. Barcelona: Plaza y Janés, 1999. Novela.
  • Retrato en sepia. Barcelona: Plaza y Janés, 2000. Novela.
  • La ciudad de las bestias. Barcelona: Plaza y Janés, 2002. Novela.
  • Mi país inventado. Barcelona: Plaza y Janés, 2003. Biografía.
  • El reino del dragon de oro. Barcelona: Plaza y Janés, 2003. Novela.
  • El Bosque de los Pigmeos. Barcelona:  Plaza y Janés, 2004. Novela.
  • Amor. Barcelona: Plaza y Janés, 2012. Ensayo.
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